El país que yo invente va a tener: Mate

Cuando viajo, una de las cosas que más disfruto, es, por supuesto, comer. En mis viajes he encontrado comidas e ingredientes, a los que me he vuelto casi adicta durante toda mi estadía en ese país, y algunos de los cuales tuve la suerte de poder conseguir nuevamente en algún otro momento de mi vida.

La cosa es que si yo inventara un país, sería uno al que no le faltara ninguno de los ingredientes, comidas o productos que voy a poner en esta lista. Daría lo que fuera por volver a sentir ciertos sabores que extraño tanto, y sería muy feliz de tenerlos a todos ellos concentrados en un solo lugar.
Claro que justamente lo lindo de viajar es ir conociendo una variedad de cosas que no se tiene en la propia casa, y perdería la gracia que afuera no hubiese nada nuevo. Pero en mi país inventado, uno no se queda estancado por el hecho de tenerlo todo, sino que sigue saliendo cada vez en busca de nuevos sabores para llevar a casa. Sería como mi base de operaciones, a la que retornaría luego de cada descubrimiento en el mundo.

Bueno, ya divagué demasiado. Acá, mis top top sabores del mundo:

Mate:

Mate- URUGUAY

Mate- URUGUAY

Y cómo no incluir, entre los infaltables de este mundo, a este representante tan importante de nuestro acervo cultural, motivo de reunión y de charlas largas y tendidas entre amigos, compañero de estudios y de madrugadas en el trabajo, parte cotidiana de la vida en familia y testigo fiel de paseos por el parque, atardeceres en la rambla, y hasta de compras en la feria.

Aunque a este por supuesto no lo conocí viajando, lo agrego porque es un sabor ireemplazable de este mundo, y porque me gusta ser turista en mi propio país, con todo lo que eso implica.

Mucha gente en mi país tiene una relación casi adictiva con el mate, al punto de que siente dolor de cabeza si no lo toma. Yo no soy adicta, y lo he comprobado porque en varios de mis viajes me lo he dejado olvidado en casa, o incluso a veces lo dejé deliberadamente por tener mucho peso en la valija o porque no iba a tener tiempo de tomarlo, y me terminé acostumbrarlo a no tenerlo.

De todas formas, tenerlo me pone contenta y es más que el hecho de tomar líquido: este amargo irreemplazable es realmente una compañía cuando uno está solo, un factor socializador que nunca falta en una juntada de amigos, y un motivador a la hora de estudiar o de madrugar para empezar el día de trabajo.

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