De la farsa de la Superación y las etiquetas

Hace tiempo que no escribo porque estoy viviendo mi proyecto de vida y laboral, y eso me lleva mucho tiempo, por suerte. No me olvidé de este blog, y sigo necesitando esos espacios donde puedo ser mi yo desde un lugar más espontáneo.

Hoy les quiero contar un punto de vista que estoy teniendo hace algún tiempo ya, y quiero poder compartirlo con ustedes: me cansé de tener una etiqueta. Qué paradoja, ¿qué voy a hacer ahora con el título de este blog? Jaja.

De cierta forma, hace tiempo ya que es así. Por ejemplo, antes, mi madre, siempre que hablaba de mí frente a completos desconocidos, explicaba “porque mi hija es vegana “, situación que me parecía muy graciosa, y muy representativa, a la vez, de la forma de ver las cosas que muchas personas tienen.  Siempre nos reímos de que una vez mi bebé tenía fiebre por la vacuna, y mi madre llamó a la farmacia a preguntar qué le dábamos para bajar la fiebre, y cuando el señor de la farmacia (¿farmacéutico?) le preguntó si no le habíamos dado nada todavía, ella le contestó “es que mi hija es vegana” (qué tendrá que ver, jajaja). Igual ya hace un tiempo que mi madre dejó de dar a conocer ese detalle innecesario a cualquiera, ja.

En las comidas con amigos y conocidos nunca fue un tema de conversación para mí, a pesar de ser yo la única vegana. Con los amigos siempre se come vegano, claramente; en las comidas con conocidos a veces hay cosas dignas y a veces no, pero no me importa, nadie habla del tema, y a mí no me interesa hacerlo, ni para bien (no me cabe el rol de superada por ser vegana o que la gente me idealice por serlo), ni para mal.

Hace muchos años que ya no me interesa enroscarme en una conversación con alguien que se convierta en defensor accérrimo de las plantas y de su sufrimiento 5 minutos después de conocerme, o explicar a todo el mundo de dónde saco la proteína. Tantos años de ir al choque con las personas (sí, porque supe tener 21 años y manifestar con todo el odio contra los consumidores de carne, zoológicos y demás, y pelearme con cualquiera que “comiera cadáveres”), viviendo el veganismo desde ese extremo, que, ojo, está bien a veces, es necesario, me gusta que lo viví y me gusta que haya gente que aún lo vive; pero ya no resueno con ese presente.

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Me sigue doliendo el dolor de los animales, como hace 13 años, cuando decidí dejar de comer carne, nunca va a dejar de doler. De hecho, me duele más, y por eso no puedo verlo, no si en realidad yo no voy a hacer nada con eso, no es mi misión.

Así que, después de haber vivido mucho en el extremo, elegí ser una vegana tranquila -no por eso, menos consciente- hace tiempo.

Sin embargo, nunca dejé del todo de ponerme en una casilla, en parte porque es algo rápido decir “soy vegana”, por ejemplo, en una comida, con el simple fin de que se sepa que voy a comer otra cosa -aunque incluso ahí muchas veces he optado por decir “no gracias”, sin explicar por qué no como ese alimento-. Pero también hay un tema de practicidad al decirlo.

La cosa es que, si subo una foto a Instagram, por ejemplo, nunca falta el #vegan #whatveganseat , etc… por eso es que creo que en parte sí me encasillo yo misma, hasta cierto punto.

Pero hoy decido que me aburrí de las etiquetas. Y esta saturación se la debo agradecer a la moda asquerosa en la que se ha convertido el veganismo.

Me llega una avalancha de nuevos veganos cerrados y agresivos, de #govegan por todos lados, de pensar que ser vegano es la única manera de vivir la vida, y que el que no lo es, es un ignorante.

Estoy cansada de que se vea al Veganismo como un punto sublime de sabiduría al que algunos privilegiados llegan.

Me preocupa que haya tantos veganos que no tienen conciencia alguna sobre la salud, y que, al igual que el viejo fumador borracho que dice “de algo hay que morir”, crean que ellos son veganos por los animales, pero que con su cuerpo pueden hacer lo que quieran, y escriben en los grupos de Facebook, a ver si las óreo son “aptas”, si las galletas no sé qué o los alfajores no sé cuánto, que si hay una hamburguesa vegana en Burger King o si los M&M son veganos, etc., etc., etc. Les falta preguntar si los cigarros y las balas son “aptos”, y estamos.

A esos veganos hace rato que tengo ganas de compartirles lo que pienso: la Conciencia es una sola; no existe tener amor a los animales sin tener amor por nosotros mismos. De la misma manera que no puedo amar a otro si no me amo primero, con la conciencia es igual: soy consciente de mí, me respeto, sano, amo al otro, respeto al otro, sana el otro. ¿Qué sentido tiene decir que no como la vaca porque ella no eligió morirse para que yo la coma, pero que yo sí puedo elegir meterme kilos de azúcar refinada en mi cuerpo (veneno), sólo porque es en nombre del Veganismo? Yo creo que tenemos que empezar a trabajar en nosotros mismos primero, y desde ahí ayudar a los demás. Ojo, yo también comí óreos veganas, y cociné con azúcar e hice versiones veganizadas de panchos, hamburguesas y chivitos, hasta que tomé conciencia, pero creo que si vamos a meternos en un grupo a acusar a los demás, o a hacer sentir mal y menos a aquellos que no son veganos, deberíamos pensar en qué es lo que nosotros hacemos mal primero.

Si no buscamos el equilibrio en nosotros mismos, ¿cómo podemos esperar tener la razón sobre algo? Porque a veces tengo la sensación de que se trata de eso, de una competencia de egos. A veces todo este circo se parece muy poco a una decisión altruista en pos de la vida de los indefensos. Hay tanto manoseo, que pierde sentido. Una decisión que debería resonar con el amor y el respeto, termina siendo un ping pong absurdo de argumentos, juicios de valor y críticas malintencionadas.

¿Estamos obrando desde nuestro centro y desde el amor, si vivimos criticando al que no elige el veganismo, o, peor, al que da un paso y deja la carne, pero no puede con los lácteos? Conozco gente angustiada porque quiere dejar los lácteos y no lo logra, presa de la ansiedad y la frustración terrible de caer derrotada una y otra vez frente a la pizza muzzarella, y de no poder cumplir con la exigencia auto impuesta de ser vegana, mientras otros veganos que se precian de ser especiales, van por la vida apuntando con el dedo a todo aquel que no accione como ellos.

Nada más alejado que el amor. El amor no se obliga, no se coacciona a alguien para que obre. Todos venimos a este mundo a cumplir nuestra misión, que es única e individual, y todos estamos sanando algo distinto, luchando nuestras propias batallas, venciendo nuestra propia voz maligna en la cabeza que nos dice que no podemos. Así es que, el que critica a un no vegano o a un vegetariano, el que apunta y desprecia, está obrando desde el miedo y desde el complejo. ¿O es que, acaso, estamos superados?

En realidad no estoy agotada solamente de la moda del Veganismo, sino de toda esta movida espiritual, que también está de moda y súper manoseada.

Gente, vamo´arriba, demasiada des-información por todos lados, opinólogos en los grupos de facebook, que hablan con una propiedad sobre situaciones ajenas, que parecen expertos.

Me preocupa, en serio, tantos adolescentes y niños que entran a esos grupos y piden consejos, y son bombardeados con esta guerra de egos que despedaza, cual cuervos, a los que poco les importa ayudar al forastero, sino que quieren demostrar cuánto saben del veganismo o, peor, que proyectan su experiencia personal en los otros, dando consejos como si todos fuéramos iguales. Me preocupa tantos niños queriendo encajar en este esquema estricto y superficial que se les impone, me preocupa tantos adultos queriendo encajar…

La movida “fit” es otra moda absurda, que se está dando en Instagram por todos lados, gente que adelgazó y ahora da consejos a todo el mundo desde la experiencia personal, como si todos funcionáramos igual…

Supongo que este cuestionamiento de mi parte nació al estudiar el concepto con el que hoy trabajo como Health Coach: el de la Bioindividualidad, es decir, que cada persona tiene necesidades alimenticias que son únicas, y lo que para uno es alimento, para otro puede ser veneno. Estoy muy agradecida de que apareciera el IIN en mi vida para abrirme los ojos en cuanto a este concepto, pero ya les había contado que para mí este fue un viaje, más que profesional y académico, espiritual.

Por supuesto que respeto y admiro a personas con las que yo misma compartí el activismo y esa época rebelde de pasiones exacerbadas. Será que ya hablo como los viejos ahora que llegué a los 30, pero siento que eran otras épocas… ahora, todo este manoseo… la verdad, las cosas sólo pueden ser hechas desde el amor, y si no es así, entonces, ¿de qué valen?

¿De verdad respetamos a los no humanos? ¿Y a nosotros? ¿Qué rol juega nuestro ego en el título de “Veganos”? ¿Y si mejor enseñamos desde el ejemplo? Cosas para pensar…

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